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Shinrin Yoku o ‘baños de bosque’

13/03/2022
Shirin Yoku Generación Silver

Descubre los ‘baños de bosque’ o Shinrin Yoku

¿Qué es el Shinrin Yoku?

Los ‘baños de bosque’ tienen su origen en Japón.

Su significado literal es ‘absorber la atmósfera del bosque’, concepto acuñado en los años ochenta cuando técnicos de la Agencia Forestal de Japón se marcaron dos objetivos:

  • poner en valor los bosques del país -que cubren el 67% de su superficie.
  • promover el contacto con la naturaleza en una población urbana que presentaba un elevadísimo nivel de estrés y ansiedad asociados al trabajo.

¿Cuál es el origen del Shirin Yoku?

Sabemos que la tradición milenaria japonesa, a través del sintoísmo y el budismo, considera el bosque como “reino de lo divino” El shizen (naturaleza o naturalidad) constituye uno de los siete principios de la estética zen. Según este, todo sestaríamos conectados a la naturaleza emocional, espiritual y físicamente.

Cada vez son más las investigaciones que tratan de explicar de manera científica esa sensación de calma, relajación y vitalidad que la gran mayoría de personas tenemos cuando pasamos tiempo en la naturaleza.

En 2004 se creó en Japón el Grupo de Estudio de Terapia del Bosque y al año siguiente se llevó a cabo el primer estudio científico de esta serie, demostrando por primera vez que el baño de bosque potencia el sistema inmunitario, aumenta el nivel de energía, reduce la ansiedad, depresión e ira, reduce el estrés y hace posible un estado de relajación

Este estado de relajación se conoce como Iiyama, nombre del bosque de hayas donde se realizó el experimento, y que se convirtió en 2006 en el primer bosque japonés con certificado para realizar la terapia del bosque.

Sobre esta base, en 1982 en Japón, se creó un programa de “salud nacional” para practicar baños de bosque (shinrin-yoku) para «absorber el bosque a través de los cinco sentidos» según explica el autor de El poder del bosque, el inmunólogo Qing Li. Le siguieron países como Corea, China, Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, etc.

Esta sensación de bienestar, que se experimenta cuando se realiza alguna actividad en plena naturaleza, ya aparece reflejada en los textos clásicos de la medicina griega, y es algo que seguro has experimentado en alguna ocasión.

Existen diversos estudios científicos que han demostrado que la exposición de nuestro cuerpo a la naturaleza disminuye el estrés, la ansiedad, el insomnio, la obesidad o la diabetes, mejoran el sistema inmunitario y reducen el estado de ánimo depresivo, entre otros efectos positivos.

Estudios científicos que avalan sus beneficios

Gran parte de estos beneficios ocurren gracias a unos aceites bactericidas, de origen vegetal,  descritos por primera vez en el año 1942 y llamados fitoncidas. Estos forman parte de la defensa de los árboles contra hongos, bacterias e insectos.

La concentración de esta sustancia en el aire, que aumenta cuando suben las temperaturas, se percibe por el olfato, ya que desprenden unos compuestos orgánicos aromáticos y volátiles, conocidos como terpenos.

Otra de las sustancias a la que alude Li en su libro es una bacteria inocua, la mycobacterium vaccae cuyos beneficios descubrió por error la oncóloga Mary O’Brien, del Marsden Hospital de Londres 1,  cuando probaba una inyección de dicha bacteria para mejorar el sistema inmunológico de pacientes con cáncer de pulmón. Aunque no pudo demostrar cómo ocurría, sí logró observar un aumento en su nivel de energía y su funcionamiento cognitivo.

Desde la Universidad de Michigan, un equipo de investigadores descubrió que estas caminatas pueden tener un efecto reparador en nuestra habilidad para concentrarnos y recordar cosas. Según sus conclusiones, publicadas en Sage Journals2, determinaron que la memoria a corto plazo mejora un 20% al dar paseos por el bosque.

Perderse entre una frondosa vegetación también puede ayudar a dejar de darle vueltas en la cabeza a un problema y a reducir la ansiedad, según apunta otro estudio, llevado a cabo por la Universidad de Stanford3.

¿Cómo se practica el Shirin Yoku?

La teoría es tan sencilla como la práctica. se trata de una inmersión por un bosque no transitado, que se recorre de forma pausada con los cinco sentidos. No hay que recorrer una distancia determinada ni tampoco realizar un determinado esfuerzo físico, como lo requiere el senderismo.

No vamos a ‘abrazar árboles’ ni a bailar desnudos alrededor del fuego, sino sencillamente de transitar por el bosque, una actividad al alcance de todos que, como hemos visto, está repleta de beneficios, físicos y psicológicos.

Es también una excelente herramienta para desconectar de la rutina y de los hábitos poco saludables asociados al sedentarismo. No es casual que se recorra en silencio, sin más estímulos que los que ofrece el bosque, aplicando todos los sentidos a los elementos naturales que encontramos por el camino.

Nosotros y la naturaleza

Históricamente el ser humano, ha pasado el 99,9% de su evolución en ambientes naturales lo que puede explicar por qué fisiológicamente nos sentimos mejor cuando sincronizamos nuestros ritmos con la naturaleza.

El bosque se convierte así en un elemento clave en la salud que, sin embargo, el ser humano está condenando a la desaparición. De ahí la necesidad urgente de cuidar y fomentar los espacios naturales que nos rodean, tal y como promueven cada vez más iniciativas comprometidas con la lucha del cambio climático.

El baño de bosque cataliza una máxima: lo que es bueno para la salud del ser humano lo es también para el planeta. Pero, precisamente, es la actividad humana de la deforestación que se lleva por delante 10 millones de hectáreas cada año según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Y si peligra el bosque, peligramos todos.


Bibliografía

1- O’brien, M. E. R., Anderson, H., Kaukel, E., O’Byrne, K., Pawlicki, M., Von Pawel, J., & Reck, M. (2004). SRL172 (killed Mycobacterium vaccae) in addition to standard chemotherapy improves quality of life without affecting survival, in patients with advanced non-small-cell lung cancer: phase III results. Annals of Oncology, 15(6), 906-914.

2-Berman, M. G., Jonides, J., & Kaplan, S. (2008). The cognitive benefits of interacting with nature. Psychological science, 19(12), 1207-1212.

3-Bratman, G. N., Daily, G. C., Levy, B. J., & Gross, J. J. (2015). The benefits of nature experience: Improved affect and cognition. Landscape and Urban Planning, 138, 41-50.

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