Salud

Edad biológica frente a edad cronológica: ¿podemos envejecer mejor?

11/10/2019

Cumplir años es inevitable. Envejecer de una determinada manera, no tanto.

Tu edad cronológica es muy fácil de conocer: basta con mirar la fecha de tu nacimiento. Pero seguramente habrás comprobado que dos personas con la misma edad pueden encontrarse en condiciones físicas y mentales muy diferentes. Una puede mantenerse activa, autónoma y llena de energía, muy por encima de la media de las personas de su edad, mientras otra, con los mismos años, puede presentar un deterioro también muy superior al habitual.

Ahí aparece un concepto que en los últimos años ha despertado un enorme interés científico: la edad biológica.

La edad cronológica nos dice cuánto tiempo hemos vivido. La edad biológica intenta describir cómo está envejeciendo nuestro organismo.

Y esa diferencia es importante porque el envejecimiento no depende exclusivamente del calendario. Los años y la genética influyen, pero también lo hacen las enfermedades, el entorno, las condiciones sociales y, por supuesto, muchos de nuestros hábitos de vida.

Por eso, más que preguntarte cuántos años tienes, quizá deberías hacerte otra pregunta:

¿Cómo estoy envejeciendo?

¿Qué es realmente la edad biológica?

La edad biológica no es una segunda edad exacta escondida en algún lugar de nuestro organismo esperando a que la descubramos.

Es una estimación del estado de envejecimiento de nuestro cuerpo obtenida a partir de diferentes indicadores biológicos.

Durante años, para aproximarnos a la edad biológica se han utilizado diferentes indicadores o biomarcadores: la presión arterial, la glucemia, el colesterol, la cantidad de grasa corporal, la capacidad aeróbica, la fuerza muscular, la función renal o determinados marcadores inflamatorios, entre otros.

Ninguno de ellos, por sí solo, nos dice cuál es nuestra edad biológica. Lo que resulta interesante es analizarlos conjuntamente y compararlos con los valores habituales en personas de nuestra misma edad cronológica. De esta forma podemos aproximarnos a cómo está envejeciendo nuestro organismo respecto a otras personas que han vivido los mismos años.

En los últimos años la investigación ha ido mucho más lejos y ha empezado a estudiar también los cambios que el envejecimiento va dejando a nivel molecular. De ahí han surgido los llamados relojes biológicos, entre ellos los relojes epigenéticos, que nos ofrecen nuevas formas de estudiar cómo envejece nuestro organismo.

Los relojes epigenéticos: una nueva forma de estudiar cómo envejecemos

Nuestra herencia genética influye en cómo envejecemos, pero tener ciertos genes no significa que vayan a expresarse de la misma manera en todas las personas. La forma en que estos genes se expresan puede verse influida por múltiples factores, entre ellos nuestro entorno y estilo de vida. Es aquí donde entra en juego la epigenética, que nos ayuda a entender cómo cambia la actividad de nuestros genes sin alterar la secuencia original de nuestro ADN.

Uno de los mecanismos epigenéticos más estudiados es la metilación del ADN. La metilación consiste en añadir pequeñas etiquetas químicas a determinados puntos de nuestro genoma, es decir, del conjunto de nuestro ADN. Estas marcas pueden modificar la actividad de determinados genes, cambian con la edad y también pueden verse influidas por nuestro estilo de vida y entorno. Analizándolas en múltiples puntos del genoma, los científicos han desarrollado algoritmos capaces de estimar distintos aspectos relacionados con nuestro envejecimiento. En este principio se basan los llamados relojes epigenéticos.

Los primeros relojes epigenéticos intentaban fundamentalmente predecir la edad cronológica. Las generaciones posteriores han tratado de aproximarse a cuestiones más interesantes: riesgo de enfermedad, mortalidad, estado funcional o velocidad a la que envejece una persona.

Un buen ejemplo para entender estas diferencias es el estudio de Dunedin, en Nueva Zelanda. Sus investigadores siguieron a un grupo de personas nacidas en 1972 y 1973 y analizaron la evolución de 18 biomarcadores cuando tenían 26, 32 y 38 años. Aunque todos tenían prácticamente la misma edad cronológica, observaron diferencias importantes en la velocidad a la que estaban envejeciendo sus organismos.

El seguimiento de esta misma población continuó durante los años siguientes, incorporando nuevas mediciones hasta los 45 años. A partir de toda esta información se desarrolló DunedinPACE, un modelo basado en la metilación del ADN que, en lugar de intentar asignarnos una determinada edad biológica, trata de estimar nuestro ritmo de envejecimiento.

El cambio de perspectiva resulta especialmente interesante. Quizá la pregunta importante no sea únicamente «¿qué edad biológica tengo?», sino también «¿a qué velocidad estoy envejeciendo?».

¿Puedes saber cuál es tu edad biológica?

Aquí conviene ser prudentes.

Hoy existen pruebas comerciales que, mediante una muestra de sangre o saliva, prometen decirte cuál es tu edad biológica. Algunas utilizan relojes epigenéticos; otras combinan distintos biomarcadores.

Los métodos en los que se basan son científicamente muy interesantes, sobre todo para investigar poblaciones y estudiar el envejecimiento. Sin embargo, para una persona concreta, todavía no existe una prueba universalmente aceptada que pueda decirte con precisión: «tienes 67 años cronológicos, pero tu cuerpo tiene exactamente 59».

Distintos relojes pueden proporcionar resultados diferentes porque no todos miden lo mismo. Además, pueden influir el tejido analizado, la población con la que se desarrolló el modelo, el procedimiento de laboratorio y el propio algoritmo utilizado.

Por eso debemos evitar convertir la edad biológica en un nuevo número con el que obsesionarnos.

En la práctica clínica, parámetros mucho más conocidos —presión arterial, glucosa, perfil lipídico, composición corporal, fuerza, capacidad cardiorrespiratoria, función renal y otros indicadores adaptados a cada persona— siguen proporcionando una información fundamental sobre nuestro estado de salud.

Por eso, a nivel individual, la edad biológica es, por ahora, sobre todo un concepto útil para comprender que no todos envejecemos igual, y no una cifra exacta que debamos perseguir.

Envejecer es mucho más complejo de lo que pensábamos

Durante décadas se intentó explicar el envejecimiento mediante mecanismos relativamente aislados.

Se habló del daño provocado por los radicales libres, del acortamiento de los telómeros o del agotamiento de las células madre. Todos estos fenómenos siguen formando parte de la investigación, pero hoy sabemos que el envejecimiento es mucho más complejo.

No existe un único interruptor que haga que envejezcamos.

Se producen simultáneamente alteraciones en numerosos procesos celulares y moleculares: daños en el ADN, cambios epigenéticos, alteraciones en las proteínas, disfunción mitocondrial, senescencia celular, inflamación crónica de bajo grado, cambios en la comunicación entre las células y modificaciones en el funcionamiento de distintos tejidos y órganos.

Y todos estos procesos interactúan entre sí.

Esta visión explica también algo que observamos constantemente: cada persona envejece de manera diferente.

Entonces, ¿podemos rejuvenecer nuestra edad biológica?

Esta es probablemente la pregunta más atractiva. Y también la que exige más rigor.

Sabemos que determinados cambios en nuestros hábitos y estilo de vida pueden modificar factores relacionados con la salud, la capacidad funcional y el riesgo de enfermedad. Algunas investigaciones han observado, además, cambios en determinados marcadores utilizados para estudiar el envejecimiento.

Por ejemplo, en el ensayo clínico CALERIE, una intervención de restricción calórica moderada durante dos años produjo un pequeño enlentecimiento del ritmo de envejecimiento medido mediante DunedinPACE. Sin embargo, otros relojes epigenéticos utilizados en el mismo estudio no mostraron una reducción significativa de la edad biológica.

Este resultado resume bastante bien dónde estamos.

Podemos influir sobre muchos de los procesos relacionados con cómo envejecemos, pero eso no significa que podamos borrar años de nuestro organismo ni garantizar que hemos rejuvenecido una determinada cantidad de años.

La ciencia de la longevidad avanza deprisa, pero todavía debemos distinguir entre resultados prometedores y promesas.

Lo que sí puedes hacer para envejecer mejor

Aquí la evidencia es mucho más sólida.

No puedes modificar tu fecha de nacimiento. Tampoco puedes controlar tu herencia genética ni todas las circunstancias ambientales, económicas o sociales que influyen sobre tu salud.

Pero existe un territorio importante sobre el que sí puedes actuar.

Muévete. Mantener una actividad física regular ayuda a conservar la capacidad funcional, la fuerza y la autonomía y reduce el riesgo de numerosas enfermedades asociadas a la edad. La investigación está estudiando además cómo el ejercicio puede influir en mecanismos epigenéticos relacionados con el envejecimiento, aunque todavía no podemos traducir esos cambios en un número exacto de años rejuvenecidos.

Cuida lo que comes. Una alimentación equilibrada, adaptada a tus necesidades y basada en alimentos poco procesados es uno de los pilares de un envejecimiento saludable. Nuestra dieta mediterránea nos ofrece, además, un magnífico patrón sobre el que construirla.

No fumes y limita aquello que perjudica tu salud. Envejecer bien no consiste solamente en añadir hábitos saludables; muchas veces consiste también en eliminar los que sabemos que aumentan el riesgo de enfermedad.

Duerme y aprende a gestionar el estrés. El organismo necesita periodos adecuados de recuperación. El sueño, la salud emocional y la forma en que afrontamos el estrés forman parte también de nuestra salud global.

Cuida tus relaciones. La soledad y el aislamiento social no son únicamente experiencias emocionales desagradables. Constituyen factores relevantes para la salud y el bienestar, especialmente a medida que envejecemos.

Y, por supuesto, controla tus factores de riesgo y realiza el seguimiento médico adecuado a tu edad y circunstancias personales.

No necesitas conocer el resultado de un sofisticado reloj epigenético para empezar a hacer todo esto.

Tu edad cronológica no determina cómo debes vivir

Cuando escribí por primera vez sobre la diferencia entre edad cronológica y edad biológica, lo que más me interesaba no era encontrar una fórmula capaz de quitarnos años.

Era combatir una idea que continúa profundamente arraigada: que la edad que figura en nuestro documento de identidad determina inevitablemente lo que podemos esperar de nuestro cuerpo y de nuestra vida.

No es así.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que no existe una persona mayor «típica»: algunas personas de 80 años mantienen capacidades físicas y mentales comparables a las de personas mucho más jóvenes, mientras otras presentan limitaciones importantes bastante antes. El envejecimiento depende de una compleja interacción entre nuestra biología, nuestra historia personal y el entorno en el que vivimos.

Por eso prefiero hablar de envejecer mejor antes que de luchar contra el envejecimiento.

Tu fecha de nacimiento no puede cambiar.

Tu forma de recorrer los años que tienes por delante, en cambio, todavía puede hacerlo.

Y quizá esa sea la verdadera enseñanza que encierra el concepto de edad biológica: no podemos detener el tiempo, pero sí podemos influir, dentro de nuestros límites y circunstancias, en la manera en que lo vivimos y envejecemos.

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7 Comments

  • Reply JOSE MARIA CERDA SERRA 01/11/2019 at 16:05

    Agradeceria recibir información que vaya surgiendo.
    Saludos

    • Reply Toni Lluch 06/11/2019 at 05:47

      Apreciado José María,
      Tomo nota y te iré informando.
      Saludos

  • Reply Puedes ser más joven de lo que piensas – Generación Silver 12/05/2021 at 18:47

    […] Estos marcadores biológicos varían con los años y sus niveles nos van indicando cual es nuestra edad verdadera. No obstante, estos niveles, no dependen directamente de la edad, sino que dependen en un 20%, como máximo, de la genética y la epigenética y en más de un 80% de nuestro… […]

  • Reply Vida Silver – Generación Silver 29/06/2021 at 13:59

    […] él describo como nuestra edad real, la edad biológica, no depende de nuestra edad cronológica, como ya os he ido demostrando, incluso depende muy poco […]

  • Reply Longevidad saludable y calidad de vida - Generación Silver 06/02/2025 at 18:33

    […] A su vez, este envejecimiento progresivo se puede ralentizar, envejeciendo más lentamente o incluso… Este proceso contínúo depende tan solo en un 20% de la genética; el 80% restante de tus hábitos o estilo de vida. […]

  • Reply La Generación Senior: retos y oportunidades tras los 65 años - Generación Silver 19/02/2025 at 13:13

    […] “Somos más jóvenes de lo que creemos, cambiemos de hábitos para alargar la juventud” […]

  • Reply Reflexiones para Potenciar tu Vida Después de los 50 - Generación Silver 11/08/2025 at 17:45

    […] y enfermedad son conceptos diferentes. Tu edad biológica no tiene por qué corresponderse con tu edad cronológica, ya que puedes ser más joven o más viejo de lo que indica tu […]

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